Isabelle:Tercera Parte. El Desayuno

Unos golpecitos en la puerta la hicieron saltar como un resorte. La puerta se abrió despacio, e Ian asomó por detrás de una bandeja de desayuno. Isabelle se incorporó apresuradamente, cubriéndose con las sábanas, tratando de encontrar su ropa, rezando para que estuviese a mano.
Ian pensó que había sido una suerte que sostuviese todavía la bandeja, porque de haberla dejado sobre la cama ella lo habría derramado todo.
-Te he traído el desayuno-dijo sensualmente.
Le echó una breve ojeada a la bandeja. Té oscuro y fuerte, cuyo aroma se estaba deslizando sin permiso por su sentido del olfato y jugosa fruta cortada en rodajas.
Eso estaría bien para después, pero el desayuno que quiero es él, sugirió una Isabelle que nada tenía que ver con la que ella creía conocer. Le pareció que de pronto hacía mucho calor en el cuarto. Estar con él a solas en la habitación era malo. Estar desnuda con él en la habitación era muy malo.
¡Era tan injusto que él fuese tan increíble! Ahí de pie frente a ella, obviamente esperando a que probase el desayuno que le había preparado, no podía quitarle los ojos de encima. Tal vez no eran considerados delito, pero algunos de los pensamientos que estaba teniendo eran, al menos, censurables. Una delgada sábana era todo cuanto la separaba de sentir su cuerpo. Ahora que caía en la cuenta, el roce de esa sábana la estaba poniendo suave, y muy caliente. Él se desvestiría en un abrir y cerrar de ojos, y se echaría sobre ella cubriéndola con todo su hermoso cuerpo, dejándola jugar, permitiendo que se deleitase con su bronceada piel.